domingo, 8 de marzo de 2009

Partidos corruptos


Cada vez es más evidente que la corrupción política no resta votos a la derecha, y subrayo lo de derecha. Los últimos escándalos de corrupción política que afectaron al PP no les restó ni un solo voto en las elecciones en Galicia y Euskadi.

Por otro lado, y aunque es difícil discernir, es posible que al BNG la foto de su líder, Anxon Quintana, en el yate de un constructor le haya desgastado o, al menos, eso parece, a juzgar por la pérdida de casi 45.000 votos.

El mayor granero de votos de la derecha española está compuesto por personas mayores que se educaron en una dictadura en la que la corrupción y falta de derechos estaba a la orden del día, por lo que es lógico que no les asombre que un político se corrompa. Esa mentalidad aún perdura en quienes estaban acostumbrados a “ser gobernados “, a no exigir nada a los políticos, a creer que la corrupción es parte del sistema, a no tener que exigir a los políticos honradez, sino a que, únicamente, defiendan las ideas de la España tradicional y conservadora.

En Canarias hemos tenido numerosos casos en que la corrupción ha sembrado de dudas sobre la honestidad de la clase política, como el de Mogán, donde el PP presenta a las elecciones a un candidato con varias imputaciones. Lo más grave es que no sólo ven la corrupción como algo normal sino que, además, se premia –véase, por ejemplo, el caso de Sergio Tinguaro Falcón presidente de Nuevas Generaciones, imputado por una presunta extorsión-. La corrupción no sólo afecta a las arcas públicas, sino también a la credibilidad de las instituciones.

Frente a ello, hemos de abogar por una ideología verdaderamente democrática que ponga a las personas por encima de las ideologías. No creo que los partidos sean corruptos, sino las personas, pero la forma de actuar ante estos casos tiene que ser contundente si queremos mejorar la imagen que existe de la clase política. Por el bien de la democracia.