
Las dos fuerzas sindicales más importantes, que aglutinan más del 80% de la representación sindical en España, se enfrentan a una nueva y difícil etapa. Ambas han celebrado su congreso, donde se han renovado las ejecutivas y discutido sus estrategias de trabajo para estos próximos cuatro años.
Los dos sindicatos que crecieron y maduraron de la mano de dos de los principales partidos políticos de la izquierda de nuestro país, supieron reclamar su autonomía y desligarse de aquéllos, para iniciar su propio camino. Posteriormente, en unos momentos especialmente difíciles, en los que el paro superó el 20% de la población, supieron unir sus fuerzas y hacer valer la solidez de la unidad sindical para reivindicar la lucha contra el desempleo. Poco a poco lograron pasar de un modelo puramente reivindicalista a uno en el que el eje de actuación era el diálogo social.
Fue entonces cuando se consiguió el mayor número de población activa y un superávit sin precedentes el en la cuentas de la seguridad social. En este tiempo han sido blanco de muchas críticas, pero nadie puede dudar de las conquistas de la clase trabajadora, fruto del mayor desarrollo legislativo laboral y social de los últimos años.
Y ahora, en este momento especialmente duro, la UGT propone la necesidad de un cambio en el modelo de educación y energético, además de encontrar modelos sostenibles que apuesten por las energías renovables que combatan el cambio climático y la desertificación que están aumentando los flujos migratorios hacia Europa y que empieza a afectar a la estabilidad de ciertos sectores laborales.
Pero quiero destacar, que son estos sindicatos, en contrapartida con los sindicatos gremiales o sindicatos de empresa, los que negocian las pensiones de los jubilados, la cobertura de los parados y políticas activas de empleo. Todo ello exige recursos, humanos y económicos, requiere tener un “aparato”, formados por personas que renuncian a una carrera profesional para integrarse en el sindicato y realizar su actividad, la mayoría de las veces incomprendida y vilipendiada por muchas personas que desconocen el verdadero valor de tener un fuerza que contrarreste el poder omnívoro del Capital.
A estas personas que luchan para que los demás tengan sus derechos, se les llama de manera despectiva “sindicalistas” ,como si fuera un insulto, es para todos ellos mi reconocimiento y mi gratitud.
Los dos sindicatos que crecieron y maduraron de la mano de dos de los principales partidos políticos de la izquierda de nuestro país, supieron reclamar su autonomía y desligarse de aquéllos, para iniciar su propio camino. Posteriormente, en unos momentos especialmente difíciles, en los que el paro superó el 20% de la población, supieron unir sus fuerzas y hacer valer la solidez de la unidad sindical para reivindicar la lucha contra el desempleo. Poco a poco lograron pasar de un modelo puramente reivindicalista a uno en el que el eje de actuación era el diálogo social.
Fue entonces cuando se consiguió el mayor número de población activa y un superávit sin precedentes el en la cuentas de la seguridad social. En este tiempo han sido blanco de muchas críticas, pero nadie puede dudar de las conquistas de la clase trabajadora, fruto del mayor desarrollo legislativo laboral y social de los últimos años.
Y ahora, en este momento especialmente duro, la UGT propone la necesidad de un cambio en el modelo de educación y energético, además de encontrar modelos sostenibles que apuesten por las energías renovables que combatan el cambio climático y la desertificación que están aumentando los flujos migratorios hacia Europa y que empieza a afectar a la estabilidad de ciertos sectores laborales.
Pero quiero destacar, que son estos sindicatos, en contrapartida con los sindicatos gremiales o sindicatos de empresa, los que negocian las pensiones de los jubilados, la cobertura de los parados y políticas activas de empleo. Todo ello exige recursos, humanos y económicos, requiere tener un “aparato”, formados por personas que renuncian a una carrera profesional para integrarse en el sindicato y realizar su actividad, la mayoría de las veces incomprendida y vilipendiada por muchas personas que desconocen el verdadero valor de tener un fuerza que contrarreste el poder omnívoro del Capital.
A estas personas que luchan para que los demás tengan sus derechos, se les llama de manera despectiva “sindicalistas” ,como si fuera un insulto, es para todos ellos mi reconocimiento y mi gratitud.