La judicatura española ha acordado ir a la huelga. Esta decisión, que ha generado un importante debate so
cial, ha dividido a la carrera judicial y ha suscitado una gran polémica política, jurídica y entre algunos agentes judiciales. Todo ello, a pesar de que, durante mes de enero, el Gobierno, con el Ministro de Justicia a la cabeza, haya intentado frenar esta iniciativa negociando con el Consejo General del Poder Judicial y debatiendo con las cuatro asociaciones de jueces y magistrados.
Me parece otra huelga injustificada e injustificable, al tiempo que considero sorprendente y decepcionante que las cuatro asociaciones judiciales recurran a ella. El Gobierno ya ha expresado su disposición al diálogo con estas asociaciones y, además, existen unos datos incuestionables sobre la mesa:
1º.- Este es el Gobierno que más plazas de jueces, fiscales y secretarios judiciales ha creado en una sola legislatura. Más de mil.
2º.- Este es el Gobierno que ha duplicado la inversión para innovación tecnológica en el servicio público de la Justicia. La partida de modernización tecnológica supera a la de infraestructuras y equipamiento.
3º.- Este Gobierno sabe que es necesario intensificar las mejoras y las reformas en materia de justicia. Lo sabe y quiere dialogarlo con el Consejo General del Poder Judicial y también con las asociaciones de jueces.
Efectivamente, el ejercicio de la huelga está regulado como un derecho constitucional y para todas las profesiones, pero está en la conciencia de los propios trabajadores y trabajadoras el saber ejercerlo con coherencia. Su utilización de forma abusiva por los poderes públicos y profesionales corporativos, con sueldos muy por encima de la media y en un momento en el que hay una gran parte de la población en paro y pasando dificultades, ha sido muy cuestionada y ha dado lugar al rechazo social.
La gran paradoja de estos días es que estamos nuevamente ante el caso de que unos señores y señoras con un empleo fijo, sin problemas de quedar en paro, con unas retribuciones dignas, utilicen las armas de la clase obrera y proletaria para reivindicar unas condiciones dignas de trabajo.
cial, ha dividido a la carrera judicial y ha suscitado una gran polémica política, jurídica y entre algunos agentes judiciales. Todo ello, a pesar de que, durante mes de enero, el Gobierno, con el Ministro de Justicia a la cabeza, haya intentado frenar esta iniciativa negociando con el Consejo General del Poder Judicial y debatiendo con las cuatro asociaciones de jueces y magistrados.Me parece otra huelga injustificada e injustificable, al tiempo que considero sorprendente y decepcionante que las cuatro asociaciones judiciales recurran a ella. El Gobierno ya ha expresado su disposición al diálogo con estas asociaciones y, además, existen unos datos incuestionables sobre la mesa:
1º.- Este es el Gobierno que más plazas de jueces, fiscales y secretarios judiciales ha creado en una sola legislatura. Más de mil.
2º.- Este es el Gobierno que ha duplicado la inversión para innovación tecnológica en el servicio público de la Justicia. La partida de modernización tecnológica supera a la de infraestructuras y equipamiento.
3º.- Este Gobierno sabe que es necesario intensificar las mejoras y las reformas en materia de justicia. Lo sabe y quiere dialogarlo con el Consejo General del Poder Judicial y también con las asociaciones de jueces.
Efectivamente, el ejercicio de la huelga está regulado como un derecho constitucional y para todas las profesiones, pero está en la conciencia de los propios trabajadores y trabajadoras el saber ejercerlo con coherencia. Su utilización de forma abusiva por los poderes públicos y profesionales corporativos, con sueldos muy por encima de la media y en un momento en el que hay una gran parte de la población en paro y pasando dificultades, ha sido muy cuestionada y ha dado lugar al rechazo social.
La gran paradoja de estos días es que estamos nuevamente ante el caso de que unos señores y señoras con un empleo fijo, sin problemas de quedar en paro, con unas retribuciones dignas, utilicen las armas de la clase obrera y proletaria para reivindicar unas condiciones dignas de trabajo.
